El Comercio Justo como alternativa a las subvenciones a la agricultura

El tema de las subvenciones a la agricultura es muy espinoso. En los países desarrollados el peso de la agricultura es pequeño en comparación con los otros sectores, pero aún así es el sustento de muchísimas familias. Por ello, medidas que pongan en dificultades a los agricultores son siempre impopulares y probablemente no se pueden adoptar sin buscar soluciones alternativas.

Sin embargo, no debemos obviar la injusticia y los problemas que generan estas subvenciones. No dejan de ser medidas proteccionistas que junto con las barreras arancelarias al comercio de productos agrícolas, están consideradas una de las causas de la pobreza en países subdesarrollados. Como indica la FAO (informe sobre la reducción de la pobreza y el hambre): “El comercio debe desempeñar una importante función en la mejora de la seguridad alimentaria y en el fomento de la agricultura. Las ganancias potenciales resultantes de un comercio más libre de productos agrícolas podrían llegar a representar un incremento anual en el bienestar mundial de 160 000 millones de dólares, que eclipsarían las actuales corrientes de ayuda.

En el caso de la Unión Europea, la Política Agraria Común (PAC) tiene un coste de “aproximadamente 53 000 millones de euros al año, que representan un 40% del presupuesto total de la UE” (datos de la Comisión Europea). Uno de los efectos de estas ayudas es mantener los precios de productos agrícolas bajos en el territorio de la Unión. Pero no sin producir muchos resultados adversos: parte de la producción subvencionada acaba deshechándose, y otra parte se exporta a países en desarrollo con un precio inferior al coste, de forma que los agricultores del país de destino no pueden competir con esos precios artificialmente bajos. Y obviamente no pueden dejar la agricultura para ponerse a producir ordenadores.

Sin entrar en profundidad en las muchas cuestiones que se suscitan (seguridad alimentaria, por ejemplo), sí me gustaría hacer una reflexión. Los ciudadanos de los países desarrollados ya están pagando, mediante los impuestos que van destinados a ayudas, los productos agrícolas que luego adquieren en el supermercado a un precio bajo. Parece más justo y razonable suprimir paulatinamente esas ayudas, reconvirtiendo a la población afectada de la manera menos traumática, y fomentar en su lugar el Comercio Justo. Los precios tan bajos que disfrutamos, se consiguen a veces gracias a las malas condiciones de vida de los productores, el descuido del medioambiente, etc. El Comercio Justo pretende evitar todos estos resultados adversos, basándose en los siguientes principios (fuentes 1 y 2):

  • Pago justo.  Los productores reciben un precio que cubre el total de la producción, gastos sociales y medioambientales, permitiéndoles una vida digna y un margen para inversión futura.
  • Derechos Humanos: los productores deben comprometerse a producir sin explotación.
  • Prefinanciación de la producción: los productos revierten en el productor y su comunidad antes de su entrega, al pagarse por adelantado entre el 40 y el 50% del total, permitiendo así hacer las previsiones necesarias para una producción sin endeudamiento.
  • Relaciones comerciales a largo plazo: proporciona seguridad a quien produce y le permite planificar su desarrollo. También hay un apoyo desde el Norte para la mejora del sistema productivo.

Debemos ser conscientes de que nuestras decisiones de consumo pesan tanto o más que nuestro voto a la hora de construir un mundo mejor. Hacer un consumo responsable es poner nuestro granito de arena; por ello, podríamos empezar por conocer las tiendas de Comercio Justo en nuestra ciudad (también se puede adquirir estos productos a través de internet), e identificar el sello de Comercio Justo.

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Animales abandonados

Regularmente, cuando se acerca el verano los telediarios nos “informan” del desgraciado fenómeno de los animales abandonados. Sin embargo, no se suelen aportar cifras que nos den una idea de la magnitud del problema. Pues bien, de acuerdo con los datos del informe de la Fundación Affinity sobre el abandono de animales en España, en 2009 se detectaron unos 150.000 animales desamparados, teniendo en cuenta únicamente perros y gatos. Un análisis más pormenorizado de los datos puede encontrarse aquí.

Sin entrar en las múltiples causas por las que un animal acaba en la calle, expuesto a diversos peligros, al maltrato de los más brutos, al hambre y las inclemencias del tiempo, me gustaría llamar la atención sobre un hecho: la cría profesional de animales incrementa seriamente el problema. Si alguien toma la decisión de adoptar un perro, por ejemplo, puede hacerlo de dos maneras:

  • Dirigirse a una institución de acogida de animales abandonados y escoger aquel que se adapte más a sus preferencias entre los muchos que esperan, como única esperanza, tener una familia que les cuide adecuadamente.
  • “Comprar” un perro de raza.

Me parece difícil de comprender por qué alguien que pretende convivir y establecer un vínculo afectivo con un animal, puede ignorar que “comprarlo” como a un simple objeto está fomentando que muchos otros animales acaben sin hogar. Primero, porque comprar a un criador profesional estimula que siga existiendo la cría como negocio, de forma que aquellos animales que no son colocados en el mercado, tienen un futuro muy incierto, y muy negro. Segundo, porque habiendo tantos animales necesitados de adopción, resulta muy poco ético pagar un precio (a veces exorbitante) para adquirir uno “de raza”.

Como siempre, con un poco de reflexión e información antes de tomar una decisión como esta, se estaría contribuyendo a solucionar un gran problema. Aprovecho para difundir un video sobre una perrita que está temporalmente en mi casa y busca urgentemente una familia que se haga cargo de ella.

La salida de la crisis y la franquicia

Muchos de los que tenemos una vena empresarial y estamos siempre dándole vueltas a la idea de crear nuestra propia empresa, en algún momento consideramos la idea de convertirnos en franquiciados… empezar desde cero es muy duro, ¿por qué no aprovechar que otros han hecho lo mismo antes y contar con su ayuda?

Descrita de forma muy simple, la franquicia es un contrato (no tipificado en nuestras leyes, lo cual implica que el contenido concreto puede ser muy variado) por el cual un empresario cede a otro su “modelo de negocio”, con el saber hacer, las técnicas, etc, que ha empleado con éxito por su cuenta, a cambio de una compensación económica. El franquiciado pone sus propios recursos para explotar la idea del franquiciador, que así puede expandir su empresa sin necesidad de grandes inversiones, y se reduce el riesgo del negocio para el nuevo empresario al contar con una idea que ha funcionado en el pasado. Una descripción mucho más detallada de la franquicia se puede ver aquí.

Incluso aunque pensemos lo contrario, todos conocemos un buen número de franquicias. McDonalds es quizá el ejemplo más representativo, pero hay muchas otras a nivel internacional o nacional y en distintos sectores: Mango, MRW, El Elefante Azul, etc. En otros países, buena parte del comercio minorista está en manos de franquicias. Sin embargo, en España el número de las mismas es todavía relativamente pequeño.

A menudo se dice que España es un país poco emprendedor, a la vez que se reitera la importancia de los emprendedores a la hora de salir de la crisis que tanto nos está afectando. Desde mi punto de vista, la franquicia puede ser una estupenda forma de incrementar el número de personas que dan el salto y pasan de ser empleados a ser empleadores. Por suerte, el interés en las franquicias es creciente:

En definitiva, las franquicias están presentes en nuestro día a día, y quizás sería una buena señal que lo estén aún más en el futuro.