Parsimonia africana

África tiene otro ritmo.

Hay muchas ocasiones en las que te das cuenta de que los occidentales estamos acelerados. Los africanos están acostumbrados a esperar y a hacer las cosas poco a poco, sin prisa. Ayer en el supermercado la cajera trabajaba como si el número de personas que hubiera haciendo cola fuera irrelevante. De hecho, hasta para que me cobrara le tenía que poner los billetes delante de las narices o, como diría mi amigo asturiano, delante del hocico, porque si no se giraba a charlar con otra cajera o miraba al techo tranquilamente. Una cajera española atendería, calculo sinceramente, unas cuatro veces más rápido.

No es más que un ejemplo de los miles de la vida diaria. Pero sin duda, una de las mayores afrentas a la escasa paciencia europea es la espera para la comida en los restaurantes. Lo peor que se puede hacer es ir a un restaurante con hambre. Tu entra, que ya harás hambre desde que pidas hasta que te sirvan. Es más, yo recomendaría que cuando vayas a un restaurante te lleves algún snack o algo. Me hace gracia que tardan hasta para traerte el menú.

Sólo hay una excepción a la lentitud africana: la conducción. Por alguna razón que no me explico, cuando pones a un ghanés al volante todo son prisas y se ignoran las más elementales normas de la lógica y la seguridad. Alguien me comentó que los domingos son el día que peor conducen porque van a la iglesia se sienten bendecidos y creen que pueden hacer lo que quieran sin peligro, pero lo cierto es que cualquier día de la semana se ven barbaridades en la carretera. Hagamos un pequeño estudio de las normas de conducción más utilizadas:

 

Gasolinera a la africana…

  • Adelantar en curva sin visibilidad es normal, sólo tienes que ir pitando y dando las luces largas para que si viene alguien tenga tiempo para apartarse.
  • Aplican mucho la regla de de “donde caben dos, caben tres”, así que por qué no adelantar cuando viene otro por el carril contrario, total, ya haremos hueco para todos… por la cuenta que nos trae.
  • La prioridad va marcada por lo poco que te importe la chapa de tu vehículo. Y aquí les importa muy poco… con frecuencia tratan de poner a prueba la ley de la física que dice que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo punto del espacio al mismo tiempo.
  • Las reglas de circulación no van dirigidas a motos, bicis o peatones. No te sorprendas si tienes que esquivar motos circulando en dirección contraria (y sin casco).

En definitiva, el estrés es una cosa que todavía no han importado de nosotros… pero tampoco la preocupación por la seguridad en las carreteras.

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El hombre blanco: obruni

Hay tres tipos de hombre blanco en Ghana:

  • Turistas: se cuentan con los dedos de una mano y son generalmente mochileros aventureros más que tursitas de “resort de lujo”.
  • Trabajadores de empresas, embajadas o instituciones como el Banco Mundial o similares. Yo entro en esta categoría.
  • Trabajadores de ONGs.

En cualquier caso, los 10 días que llevo aquí han sido suficientes para darme cuenta de que el color de tu piel, cuando formas parte una minoría de menos del 1% de la población, condiciona tu día a día.

Adeline, nuestra vecina. Le gusta subir a nuestra casa… y meterse el dedo en la nariz.

Ser blanco en Ghana significa que tienes más recursos que la gran mayoría de gente que te rodea. También hay ricos negros, muy ricos de hecho, pero ser blanco es una etiqueta inconfundible. Por ello es comprensible la atención que atraes, para lo bueno y para lo malo.

Para muchos, como es lógico, representas una oportunidad de hacer algo de dinero… ya sea poniéndote precio de blanco, pidiendo una “propina”, u ofreciéndote ayuda para hacer negocios en el país: es curioso, a veces parece que piensan que cualquier blanco tiene suficiente dinero para montar una empresa el día que quiera.

Y lo cierto es que muchas veces la gente simplemente te para porque tiene curiosidad, quieren saber de dónde vienes y qué haces en ghana. He pasado buenos ratos simplemente charlando con gente que no conocía de nada. Martin, Joko o Nana son por ejemplo tres hombres distintos que he conocido en el barrio. Desde mi punto de vista, el mayor problema para relacionarse con los locales es que siempre queda una sombra de duda sobre sus motivos: a menudo te ofrecen su amistad porque creen que se beneficiarán de alguna forma, y no porque disfruten de tu compañía. Siempre hay que ser escéptico y no ingenuo.

Hay expatriados que deciden vivir en su burbuja, en cuanto a que tratan de ir sólo a los lugares de estilo occidental, en los que es frecuente ver blancos, y los productos o incluso la música son los mismos que en Europa o USA. Pero también somos muchos los que tratamos de vivir una experiencia diferente. Doy gracias por no tener que vivir en un barrio como Nima, pero prefiero tomarme un sprite en el bar de la esquina de mi barrio (por 40cts de euro, por cierto), charlando con algunos locales que se acerquen a hablarnos tan sólo porque somos blancos y por tanto interesantes, que un refresco en el bar lujoso de moda como el que encontraría en Madrid.

Barrio de Nima, Accra

Hay que matizar que esto es posible en Ghana, pero no lo sería en sus vecinos Costa de Marfil, Liberia o Sierra Leona, probablemente. Por desgracia hay muchos lugares de África donde ni el hombre blanco y ni el hombre negro tienen garantizada su seguridad.

 

Trabajo, trabajo

En la semana paso unas 42,5h trabajando (con descansos para comer), suponiendo que salga a la hora todos los días, lo que ocurre normalmente, con alguna excepción. Ya que es la actividad que ocupa más horas de mi tiempo… ¡es una bendición que esté contento en el curro! Se cumplen las tres condiciones para que el trabajo sea satisfactorio:

1. Buen jefe: Un jefe, como líder, tiene que ser alguien válido, exigente, pero considerado. Así es mi jefe, le gusta lo que hace, lo hace bien y sabe transmitir la importancia de un trabajo bien hecho. Además, se esfuerza por conciliar las necesidades de la oficina con las preferencias del trabajador y es cercano y accesible. ¡En definitiva, no me puedo quejar!

2. Creer en el objetivo común. La misión de ayudar a las empresas españolas a  tener éxito en Ghana, es un objetivo con el que es muy fácil alinearse… no es como trabajar en un banco o de asesor financiero 😉 Máxime cuando mucho de lo que están haciendo las empresas españolas aquí es muy necesario y beneficioso para el país. Por ejemplo, ayer mismo estuve con españoles que están haciendo una desalinizadora, otros que están modernizando hospitales, y otro que está supervisando la construcción de una subestación eléctrica.

3. Variedad en vez de rutina. A menudo tenemos que salir a realizar trabajo de campo: entrevistarnos con empresas locales, visitar instituciones, en definitiva, reunirnos con gente de negocios. Salir de la oficina y descansar del trabajo de despacho se agradece, y pasar de los teclados a los apretones de manos y la conversación.

Pero claro, sigue siendo un trabajo, no ocio. Llegar a casa a las 5,30 o 6, que sea de noche, no tengas luz y encima para ir a cualquier sitio haya un atasco descomunal, complica el hacer hueco en la rutina para algo más que trabajar. De momento, veamos si nos apuntamos a un gimnasio con cancha de baloncesto para mantenernos en forma.

Mi humilde morada

Los tres primeros meses (y quizá el año que viene entero también) vivo con dos compañeros de la oficina, Miguel y Ravi, en una casa espaciosa que está cerca del centro de Accra. La casa es bastante grande comparado con las casas españolas, pero no vivimos con los estándares occidentales. Los cortes de luz son habituales (Ghana produce menos electricidad de la que se demanda), y no tenemos generador a gasoil, que suele estar presente en las casas “acomodadas”. Así que muchos días nos encontraremos, al poco de volver de la oficina, que estamos a oscuras y desde luego sin internet (ayer, por ejemplo). Buena excusa para salir a disfrutar lo que la ciudad tiene que ofrecer en vez de quedarse en casa.

Tampoco tenemos agua caliente. El clima es muy cálido y húmedo, y quizás en ocasiones podría ser agradable una ducha fría, pero de momento lo encuentro más bien duro… aunque de nuevo hay un aspecto positivo: no necesito el café por las mañanas para estar despejado.

El aire acondicionado, que tampoco tenemos, lo echaremos de menos en los meses de enero en adelante, que hará un calor más agobiante. Aunque claro, de poco nos serviría sin tener generador que lo alimente durante los apagones…

En resumen: ayer por la noche antes de salir me duché con agua fría a la luz de una linterna… puede parecer una odisea, pero si te lo tomas con un poco de filosofía no es tan duro. Aunque nos lo podríamos permitir sin problemas, disfrutar de generador, aire acondicionado y calentador de agua duplicaría nuestra factura mensual. Además, esta casa tiene a su favor que nos movemos en dirección contraria al tráfico de camino a la oficina, con lo que ahorramos mucho tiempo en desplazamientos todos los días.

Por suerte, contamos con una mujer, Grace, que viene cuatro días a la semana a limpiar, ordenar y hacer la colada para nosotros (a mano). Así que la casa está impoluta y no perdemos nada de tiempo en tareas cotidianas, salvo lo que dediquemos a cocinar.

Primeros días…

¡Lo cierto es que no se muy bien por dónde empezar! Digamos que en el momento en que miro por la ventana de casa o por la ventanilla del coche, me quedo “flipando”. Ghana responde mucho a los tópicos que yo traía en mi mente sobre África:

  • Las carreteras son tiras de asfalto polvorientas con agujeros que probablemente llegan al centro de la tierra, metro arriba metro abajo.
  • Gallinas y cabras y ñus (o lo que sea esa cosa con cuernos muy largos) en la calle, andando entre la gente a la que luego alimentan. Gente, por cierto, que tiene escamas en lugar de papilas gustativas, ya que de otro modo sería imposible tolerar el picante con que aderezan sus comidas.
  • Ford Transits en las que viajan 25 personas. Y sus bártulos. Ah, y sus conductores conducen siguiendo un código de circulación particular que sólo ellos conocen. Adivinar sus intenciones es tan fácil como cruzar el Atlántico nadando.
  • Los locales son de verdad capaces de llevar 100kg sobre sus cabezas. Estoy por aprender y la próxima vez que vaya a un Mercadona en España me pongo la cesta sobre la cabeza según voy de pasillo en pasillo.

En fin, ya veis qué viñeta os estoy pintando. No se si habrá algo que ver en el país, pero desde luego hay que experimentarlo.

En breve os contaré más cosas y trataré de hacer alguna foto.

¡Nanti ye! ¡Adiós!