Ghana, un año después

Estimados

Ayer 3 de octubre hice un año en Ghana, así que aprovecho la excusa para volver a publicar, que ya era hora. Me apetece reflexionar sobre lo experimentado en este último año y en el pasado, y extraer, por qué no, algunas ideas sobre temas dispares (no sólo África), algunas de ellas controvertidas y otras obviedades que sin embargo no está de más recordar.

El ser humano tiene una excelente capacidad para la contradicción. Todos sabemos lo corrupta que es África, pero curiosamente creo (aunque no tengo la certeza) que muchas de las personas que se enriquecen mediante la corrupción aquí en realidad no consideran estar haciendo algo malo, a pesar del gran perjuicio que causan a la gran mayoría pobre. Es decir, hay multitud de corruptos que parecen creerse lo que dicen sobre sus propias buenas intenciones. Una paradoja que no alcanzo a entender.

-La medida de ayuda al desarrollo de los países pobres que resultaría más efectiva sería promover la educación sexual y el control de la natalidad. Simplemente con reducir la tendencia a procrear sin tener en cuenta los recursos disponibles para satisfacer las necesidades de los hijos, podría mejorar mucho la calidad de vida de las clases menos favorecidas. Con los mismos recursos cada hijo disfrutaría de una mejor alimentación, sanidad y educación, por lo que tendría más oportunidades, además de que reducir la presión demográfica aliviaría en parte los problemas derivados de la falta de infraestructuras y servicios básicos. Por el contrario, dedicar cantidades ingentes de recursos a construir puentes, escuelas y hospitales tiene un efecto mucho menor del que debería, por varias razones:

  • Muchos de los fondos se desvían a las manos equivocadas.
  • Se emplean cantidades exorbitantes únicamente en gestionar, repartir y controlar las propias donaciones.
  • Es ridículo que estemos financiando las infraestructuras básicas de los países pobres mientras sus dirigentes emplean los recursos públicos para su propio beneficio.

En África hay menos dinero que en Europa pero más sonrisas. No es casualidad que está científicamente probado que las interacciones sociales producen felicidad y satisfacción, mientras que un ambiente excesivamente competitivo y exigente provoca estrés e infelicidad (aunque posiblemente da lugar a mayor productividad y riqueza). ¿Quizás la sociedad ideal sería una en la que las necesidades estén cubiertas pero la prioridad de la población no sea lo material, sino lo humano?

La mejor inversión que puedes hacer es cuidar a las personas con las que interaccionas. Si no lo haces por vocación, hazlo por interés, o lo que es lo mismo, aunque a veces estamos de mejor humor y a veces de peor humor, hacer un pequeño esfuerzo por tratar a la gente bien, suele ser beneficioso para todos. Lo cierto es que, aunque pienses que nunca te podrán devolver un favor, a veces ocurre lo imprevisible y alguien que no te molestaste en conocer mejor tiene en su mano ayudarte. Otra conclusión es que conocer a mucha gente y mantener una relación cordial es una habilidad muy útil en todos los ámbitos de la vida. Por eso es una buena actitud estar disponible, ayudar cuando te lo piden, y buscar activamente formas de ser útil a los demás.

En una organización pequeña, el líder tiene un impacto clave sobre la eficacia del grupo y sobre la motivación, desarrollo y aprendizaje de los individuos. El carácter del líder se convierte en buena medida en la actitud de los demás miembros del grupo. Sin duda un jefe puede potenciar o limitar las capacidades de sus trabajadores.

Cuanto más haces, más energía te queda y mejor la aprovechas. Dicho de otra manera, si dedicas tus días a actividades distintas, tu desempeño es mejor en cada una de ellas. En definitiva, esta diversificación ayuda a ser una persona completa, que cultiva cuerpo y mente, deber y devoción, trabajo y ocio, esfuerzo y recompensa, lo que mejora nuestra motivación y nuestra confianza para cada una de las actividades.

Eso es todo, por ahora 😉

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