¿La tercera revolución industrial?

En los últimos años ha aparecido una nueva técnica de producción que puede cambiar la fabricación tal y como la conocemos: la impresión en tres dimensiones o manufactura por adición. Medios de la solvencia de The Economist lo califican ya como la tercera revolución industrial.

Desde el punto de vista técnico consiste en la creación de objetos mediante la adición sucesiva de capas muy finas, a partir de un diseño en formato digital. De esta forma, no es necesario un molde ni la fabricación de grandes tiradas del mismo producto para hacer rentable cada unidad, y lo que es más, la fabricación se hace accesible a cualquiera capaz de diseñar digitalmente un producto. Ya no es necesaria una gran inversión y un gran mercado al que atender para poder hacer realidad nuevas ideas.

La carrocería de este Audi ha sido impresa con esta tecnología

Actualmente el estado de la técnica no es suficiente como para fabricar un coche completo, por ejemplo, pero ya se está usando para fabricar alas de aviones, prototipos de productos que luego pasarán a la cadena de montaje, etc. En los próximos años veremos cómo afecta esta tecnología a la industria. ¿Seremos todos fabricantes?

 

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Errores comunes en el comercio electrónico

Estos días estoy leyendo el libro “E-commerce, Get it right!” del experto en comercio electrónico Ian Daniel. Una de las primeras aportaciones del autor es recoger errores comunes de las empresas que intentan vender en la web. Os resumo aquí parte de estas enseñanzas:

1. No hace falta “bordar” la web desde el principio, sólo hay que ponerla en marcha. A menudo dedicamos demasiado tiempo a analizar, planificar y pulir. Hay varias razones por las que es conveniente lanzar la web antes de tenerla refinada al máximo. Cuanto antes esté ahí fuera, antes empieza a ser indexada por los motores de búsqueda (lo que conlleva mejor posicionamiento en las búsquedas) y antes se puede probar su funcionamiento en la realidad.

2. Hay que encontrar el número adecuado de productos para vender online. Un mayor número supone un mayor “peso” a la hora de conseguir un buen posicionamiento en Google, pero también exige dedicar más tiempo a administrar los productos, manejar el stocky los pedidos, etc. Además, un número más reducido de productos específicos permite posicionarse como vendedor especializado.

3. Sólo disponemos de 5 a 7 segundos para captar la atención del visitante a la web. Un diseño efectivo es aquel que consigue una web rápida, funcional y familiar. Debe cargar rápido, resultar limpia a la vista, y sobre todo, evitar sobrecargar de información y colores al visitante.

4. De media, menos de uno de cada cien visitantes a una tienda online acaba realizando una compra. Para mejorar el ratio de conversión es necesario crear un proceso de compra simple y claro que no tenga elementos que hagan pensar u obstaculicen el camino.

5. Selección pobre de palabras clave. Al editar el contenido de la web es necesario ajustarlo al máximo a las palabras que los potenciales clientes usarán para buscar el producto en Google. Especialmente la página de inicio y las de categorías de productos deben reflejar esta selección de palabras clave.

6. Subestimar la utilidad de las herramientas de análisis y los tests. Hay herramientas gratuitas, como Google Analytics, que proporcionan información muy valiosa sobre el comportamiento de los visitantes en el sitio web. Además, es importante realizar cambios frecuentes y comprobar el resultado, por ejemplo pidiendo a amigos o parientes que utilicen la web. Cuanto menos experto sea la persona que realiza el test, mejor, porque nos dará una idea más ajustada de la usabilidad y adecuación de la web.

7. No aprovechar la relación generada con los clientes pasados. La relación con el comprador no termina una vez que éste recibe el producto. Es importante continuar comunicándose con él a través de emails, redes sociales, vídeos o incluso correo tradicional, puesto que ya contamos con su confianza, y por ello estará más inclinado a comprar de nuevo.

Esto es todo por ahora, si encuentro más información valiosa en el libro os encontraréis algún post más sobre el tema para que todos podamos mejorar la forma de enfocar la venta en internet.

¡Saludos!

7 cosas que saber sobre el comercio electrónico en España

Si hay un sector que ha esquivado la crisis y ha mantenido el crecimiento en los últimos años, es el comercio electrónico. Sin embargo, no hay mucha gente que tenga una idea clara de qué se compra en internet, quién lo compra, cuáles son los medios de pago habituales, etc.

En España, el organismo encargado de estudiar y medir el comercio electrónico es el ONTSI (Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información). Los informes que publica son muy útiles para conocer en profunidad la evolución del sector. Tras leer varios de dichos informes, los datos que más me han llamado la atención son los siguientes:

1. La cuarta parte de la población española compra en internet. A día de hoy en España viven unos 47 millones de personas, mientras que la estimación de compradores en internet era, a principios de 2011, de 11 millones.

2. Los compradores gastan de media 831 euros al año. Una cantidad nada despreciable, que además va en aumento.

3. El perfil del comprador medio es el de una persona de 25 a 49 años, que reside en un núcleo urbano, con estudios universitarios y de nivel socioeconómico medio/medio-alto.

4. El medio de pago más utilizado es la tarjeta de crédito, que interviene en el 65% de las transacciones. En segundo lugar se sitúa la plataforma de pago PayPal, en un 11,5% de los pagos.

5. Los bienes y servicios más comprados en internet son los relativos al ocio y viajes (billetes de transporte, reservas de alojamiento y entradas a espectáculos). No encontramos bienes de consumo hasta el cuarto lugar, los artículos de moda y complementos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los datos son diferentes para cada tramo de edad. Por ejemplo, las personas entre 15 y 24 años adquieren en internet más ropa que cualquier otro bien o servicio.

6. También el comercio entre particulares (C2C) está en alza. Un 20% de los compradores en internet ha realizado alguna transacción de este tipo.

7. En cuanto a los motivos para comprar y para no comprar en internet, son los siguientes según los propios consumidores:

Razones para comprar

Razones para no comprar

Precio – promociones y ofertas

Le gusta ver lo que compra

Comodidad

Miedo a dar datos personales

Ahorro de tiempo

No le parece seguro

En definitiva, el comercio electrónico está ya muy asentado, pues hay una extensa base de compradores habituales. Además, sigue desarrollándose a buen ritmo, de forma que cada vez más sectores cuentan con internet como canal de distribución y no sólo como medio de comunicación con los clientes potenciales. ¡Seguiremos de cerca las novedades!

El Comercio Justo como alternativa a las subvenciones a la agricultura

El tema de las subvenciones a la agricultura es muy espinoso. En los países desarrollados el peso de la agricultura es pequeño en comparación con los otros sectores, pero aún así es el sustento de muchísimas familias. Por ello, medidas que pongan en dificultades a los agricultores son siempre impopulares y probablemente no se pueden adoptar sin buscar soluciones alternativas.

Sin embargo, no debemos obviar la injusticia y los problemas que generan estas subvenciones. No dejan de ser medidas proteccionistas que junto con las barreras arancelarias al comercio de productos agrícolas, están consideradas una de las causas de la pobreza en países subdesarrollados. Como indica la FAO (informe sobre la reducción de la pobreza y el hambre): “El comercio debe desempeñar una importante función en la mejora de la seguridad alimentaria y en el fomento de la agricultura. Las ganancias potenciales resultantes de un comercio más libre de productos agrícolas podrían llegar a representar un incremento anual en el bienestar mundial de 160 000 millones de dólares, que eclipsarían las actuales corrientes de ayuda.

En el caso de la Unión Europea, la Política Agraria Común (PAC) tiene un coste de “aproximadamente 53 000 millones de euros al año, que representan un 40% del presupuesto total de la UE” (datos de la Comisión Europea). Uno de los efectos de estas ayudas es mantener los precios de productos agrícolas bajos en el territorio de la Unión. Pero no sin producir muchos resultados adversos: parte de la producción subvencionada acaba deshechándose, y otra parte se exporta a países en desarrollo con un precio inferior al coste, de forma que los agricultores del país de destino no pueden competir con esos precios artificialmente bajos. Y obviamente no pueden dejar la agricultura para ponerse a producir ordenadores.

Sin entrar en profundidad en las muchas cuestiones que se suscitan (seguridad alimentaria, por ejemplo), sí me gustaría hacer una reflexión. Los ciudadanos de los países desarrollados ya están pagando, mediante los impuestos que van destinados a ayudas, los productos agrícolas que luego adquieren en el supermercado a un precio bajo. Parece más justo y razonable suprimir paulatinamente esas ayudas, reconvirtiendo a la población afectada de la manera menos traumática, y fomentar en su lugar el Comercio Justo. Los precios tan bajos que disfrutamos, se consiguen a veces gracias a las malas condiciones de vida de los productores, el descuido del medioambiente, etc. El Comercio Justo pretende evitar todos estos resultados adversos, basándose en los siguientes principios (fuentes 1 y 2):

  • Pago justo.  Los productores reciben un precio que cubre el total de la producción, gastos sociales y medioambientales, permitiéndoles una vida digna y un margen para inversión futura.
  • Derechos Humanos: los productores deben comprometerse a producir sin explotación.
  • Prefinanciación de la producción: los productos revierten en el productor y su comunidad antes de su entrega, al pagarse por adelantado entre el 40 y el 50% del total, permitiendo así hacer las previsiones necesarias para una producción sin endeudamiento.
  • Relaciones comerciales a largo plazo: proporciona seguridad a quien produce y le permite planificar su desarrollo. También hay un apoyo desde el Norte para la mejora del sistema productivo.

Debemos ser conscientes de que nuestras decisiones de consumo pesan tanto o más que nuestro voto a la hora de construir un mundo mejor. Hacer un consumo responsable es poner nuestro granito de arena; por ello, podríamos empezar por conocer las tiendas de Comercio Justo en nuestra ciudad (también se puede adquirir estos productos a través de internet), e identificar el sello de Comercio Justo.

La salida de la crisis y la franquicia

Muchos de los que tenemos una vena empresarial y estamos siempre dándole vueltas a la idea de crear nuestra propia empresa, en algún momento consideramos la idea de convertirnos en franquiciados… empezar desde cero es muy duro, ¿por qué no aprovechar que otros han hecho lo mismo antes y contar con su ayuda?

Descrita de forma muy simple, la franquicia es un contrato (no tipificado en nuestras leyes, lo cual implica que el contenido concreto puede ser muy variado) por el cual un empresario cede a otro su “modelo de negocio”, con el saber hacer, las técnicas, etc, que ha empleado con éxito por su cuenta, a cambio de una compensación económica. El franquiciado pone sus propios recursos para explotar la idea del franquiciador, que así puede expandir su empresa sin necesidad de grandes inversiones, y se reduce el riesgo del negocio para el nuevo empresario al contar con una idea que ha funcionado en el pasado. Una descripción mucho más detallada de la franquicia se puede ver aquí.

Incluso aunque pensemos lo contrario, todos conocemos un buen número de franquicias. McDonalds es quizá el ejemplo más representativo, pero hay muchas otras a nivel internacional o nacional y en distintos sectores: Mango, MRW, El Elefante Azul, etc. En otros países, buena parte del comercio minorista está en manos de franquicias. Sin embargo, en España el número de las mismas es todavía relativamente pequeño.

A menudo se dice que España es un país poco emprendedor, a la vez que se reitera la importancia de los emprendedores a la hora de salir de la crisis que tanto nos está afectando. Desde mi punto de vista, la franquicia puede ser una estupenda forma de incrementar el número de personas que dan el salto y pasan de ser empleados a ser empleadores. Por suerte, el interés en las franquicias es creciente:

En definitiva, las franquicias están presentes en nuestro día a día, y quizás sería una buena señal que lo estén aún más en el futuro.